El Templo

El templo actual fue inaugurado el 23 de marzo de 1912, con asistencia al acto de los Reyes de España, don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia. Construido por iniciativa del párroco don Ceferino Vahillo Felipe, los planos y la ejecución de las obras fueron realizados, respectivamente, por los arquitectos D. Lorenzo Alvarez Capra y D. Dimas Rodríguez Izquierdo.

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El estilo arquitectónico es el mudejar acompañado de elementos del gótico. La superficie que ocupa la construcción es de 756,84 metros cuadrados y la planta tiene forma de cruz latina. Las vidrieras blasonadas ostentan los escudos de sus donantes, entre los que destacan los pontificios y los cinco de la Casa Real sobre el altar mayor.En 1978, siendo párroco don Jesús Higueras Fernández, y bajo la dirección del arquitecto Antonio Abalos Culebras, se procedió a la reconstrucción del templo y a su adaptación a la nueva pastoral de la parroquia, según el espíritu del Concilio Vaticano II.Como dijo Pablo VI en las catequesis de 1976:”nuestro tiempo tiene necesidad de reanudar la reconstrucción de la Iglesia, psicológica y pastoralmente, casi como si comenzase de nuevo, desde cero, por así decirlo, a regenerarse mediante este ordenamiento humano-divino”

Madrid_-_Iglesia_de_la_Virgen_de_la_Paloma_y_San_Pedro_el_Real_05Vista detallada del baptisterio octogonal, construido según el modelo de las primitivas iglesias cristianas.

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Detalle del mosaico del baptisterio, con los cuatro evangelistas

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Interior del templo después de su adaptación a la nueva pastoral

Ya solamente al entrar en el templo parroquial de la Virgen de la Paloma se recibe una catequesis a través de los signos que hay en su estructura. Lo primero que observamos al cruzar la puerta es que ha cambiado totalmente la situación de los fieles en el interior del templo. Ahora forman una asamblea alrededor de la mesa eucarística y de la pila bautismal, lo que facilita su incorporación a las celebraciones litúrgicas, constituyéndose ellos a su vez en signo de comunión y unidad de la Iglesia.Cerca de la puerta, como un primer paso para entrar en la Iglesia, se encuentra el baptisterio o piscina bautismal. Tiene en su interior forma de cruz, porque por la Cruz de Cristo fuimos salvados, y de un octógono en su borde exterior, figura bíblica de la plenitud, de la eternidad gloriosa a la que se llega a través de la cruz y de la resurección. Se nutre esta piscina del agua que brota del costado de la roca, símbolo del Agua de la Vida. Se desciende a ella por siete peldaños, los siete pecados capitales, la realidad del hombre caído, hasta llegar a la roca del fondo, que es Cristo. En las aguas de la piscina queda sepultado el hombre del pecado, muerto en la muerte de Cristo -de ahí la piedra negra rota por la Cruz de Cristo- y resucita con Cristo a la Vida Eterna como nueva criatura que sale de las aguas vivificantes para subir los siete peldaños, símbolo de los dones del Espíritu Santo, que nos llevan al descanso del Octavo Día, cuyo anticipo y presagio es la Eucaristía.Así eran los baptisterios de los primeros siglos de la historia de la Iglesia, en los que el bautismo se administraba por inmersión, con lo que el rito recibía toda su expresión de muerte-resurrección. Así lo administramos en la parroquia en la noche de la Vigilia Pascual. Y como la fe, que el Bautismo inicia para darnos la vida eterna, nos viene de la Palabra de Dios, en el baptisterio, rodeando la piscina, se hacen presentes los cuatro evangelistas, voz del Evangelio, anuncio de la Buena Nueva.

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En el centro del templo está la Mesa Eucarística, tan amplia que a todos sorprende cuando visitan por primera vez La Paloma. Así se subraya el signo y se hace presente a los fieles que todos se encuentran sentados en torno a una mesa, celebrando y compartiendo la misma comida y la misma bebida, según el mandato del Señor. Así los fieles entienden que están celebrando una fiesta -la Cena del señor- y que hemos de sentirnos integrados, unidos lo más posible en esa fiesta, en común-unión.Más allá se alza la cátedra de la Palabra de Dios. La parroquia es “comunidad que recibe, vive y proclama la Palabra de Dios”. La Iglesia nos da la Palabra, que se hace presente, actual y operativa, cada vez que se proclama, respondiendo a las necesidades de hoy y de cada uno de los que la escuchan. La Palabra de Dios nos dispone e introduce siempre en la Eucaristía y en los demás sacramentos. Por la Palabra nos viene la fe. La Palabra es potente para transformar la vida de los que en ella crean. Por eso, el primer mandamiento del pueblo elegido comienza imperiosamente: “Escucha Israel”:Al fondo y presidiendo la asamblea, el presbiterio. Como Presidente, prolongación del obispo de la diócesis, el párroco. El hace presente a Cristo, Cabeza de la Iglesia.